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El lado oscuro del marketing

Por Jon Igual Brun   /     19 de Enero de 2016  /     Vida diaria  /     , , ,

Siempre que escucho la palabra marketing un escalofrío me recorre todo el cuerpo. Esa perversa ciencia puede llegar a hacer que me replantee toda mi existencia. Me la imagino como un oscuro y diabólico arte dominado por unos pocos que tiene como único objetivo manipular mi comportamiento a su antojo. No creo que ande muy desencaminado. Pero procuro no pensar mucho en ello, porque si no viviría en un estado de paranoia constante. Aun así, a veces me despisto y, de pronto, me puedo encontrar mirando fijamente un paquete de espaguetis que acabo de introducir en el carro de la compra preguntándome si ese era realmente el paquete que quería comprar. ¿Lo habré escogido porque su precio acaba en nueve? ¿Porque es de color verde? Entonces lo dejo y cojo otro, pero, ¿y si era justamente eso lo que querían que hiciera? Es un sin vivir. Al final, cuando llego a casa y mi novia me pregunta porque he traído garbanzos en vez de espaguetis le grito «¡no lo sé!», y me encierro en el cuarto a llorar.

Yo soy tu padre.

Yo soy tu padre.

Se suele tener la creencia de que existen trucos de marketing extremadamente sutiles y elaborados basados en complicados e incomprensibles experimentos psicológicos. Puede que sea cierto. Pero la realidad es que los trucos más obvios, los de toda la vida, siguen funcionando como siempre. Si compramos algo por cuatro euros con noventa y nueve céntimos, diremos que nos ha costado cuatro euros y pico y nos quedaremos tan anchos. Si una tienda pega en su escaparate un cartel que pone «50%», entraremos a toda prisa y muy probablemente nos acaben vendiendo algo que no esté rebajado. Si un bote de detergente tiene puesto con letras rojas y fondo amarillo la palabra “Gratis”, las posibilidades de que termine en tu carro de la compra aumentan considerablemente. Hasta el mismo carro de la compra se ha convertido en una trampa mortal. Parece ser que su tamaño ha ido aumentando a lo largo del tiempo, como que no quiere la cosa, ya que muchos de nosotros no nos sentimos del todo satisfechos hasta haberlo llenado. Ya nunca podré mirarlo igual. Y me jode. Con la de buenos ratos que habré pasado yo en un carro de la compra. Incluso de niño. (Columna completa en VozEd).

4 Comments

  1. Macondo Says: 19 Enero, 2016 10:28 pm

    Yo no sé cómo las novias pueden hacer unas preguntas tan impertinentes.
    Un abrazo.

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  2. Juan Diego López Says: 19 Febrero, 2016 12:31 pm

    Me encanta tu blog. Y me encanta cómo escribes. Ojalá algún día mi blog sea tan bueno como el tuyo.

    Responder

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